Érase una vez, en un hospital
Érase una vez, en un hospital

«Érase una vez» es un proyecto de pintura mural impulsado por la asociación Believe in Art para animar las paredes el Hospital Infantil del Miguel Servet de Zaragoza con ilustraciones y cuentos.

Con esta finalidad se han formado equipos de escritores e ilustradores. Su misión ha sido crear historias ilustradas para decorar las habitaciones de Cirujía Pediátrica, Oncopediatría y el Pediátrico de la 4ª pta. Además un grupo de grafiteros se ocupan de dar vida también a las escaleras.

Ana Alcolea y David Guirao, Grassa Toro y Diego Fermín, Irene Vallejo y José Luis Cano, Pepe Serrano y Alberto Gamón, Sergio del Molino y Agnes Daroca, Antón castro y Javi Hernández, Jorge Gonzalvo y Elisa Arguilé, Raquel Garrido y Edu Flores, Arancha Ortíz y Ana Lóbez, además de Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui son las diez parejas de autores que participan en la decoración del Pediátrico en la 4ª pta., actualmente en marcha.

La colaboración de todos ellos ha sido desinteresada.

Os participamos las imágenes de Ana G. Lartitegui.

La historia «El imprevisto» de Sergio Lairla, dice así:

«No hay persona en este mundo

más puntual que Don Segundo.

Quedó el martes, a las seis,

en casa de Doña Horacia.

 

Para declarar su amor,

va a regalarle un anillo

que a ella llenará de estupor

y a él le ha vaciado el bolsillo.

 

Con el gasto del regalo

no llega para el billete,

así que irá caminando

dos días, o tres… o siete.

 

Le ha surgido un contratiempo

cuando lleva andando un rato,

pues al cruzar por el campo 

algo ha entrado en su zapato.

 

No está dispuesto a parar

por un pequeño imprevisto; 

se desata los cordones,

sigue su marcha y listo.

 

Por el zapato aflojado

entra tierra, agua, albahaca…

y en un descuido le ha entrado

un excremento de vaca.

 

La molestia va a peor

y se convierte en dolor.

Además, ahora el zapato

es malo para el olfato.

 

Algunos días después

se rompe por el envés,

y por el roto aparece

una rama que florece.

 

Lentamente, paso a paso,

al fin llega Don Segundo,

con tres días de retraso

y aspecto de vagabundo.

 

Lleva un zapato en la mano

con una ramita bella,

y parece haber cruzado

toda la tierra por ella.

 

Doña Horacia, enternecida,

corre a su lado enseguida:

no hay una imagen mejor

que represente el amor.

 

A veces, un imprevisto,

no es piedra, sino semilla.

Y el anillo… se perdió

por alguna alcantarilla.»

 

Los lectores de fino sentido literario encontrarán, quizá, en esta historia cierto sentido alegórico.

Esperemos que os guste. Nosotros hemos disfrutado creándola.